Secretos de una escritora

El enigma del escritor retirado

Existe una figura que también despierta muchos recelos: el escritor retirado.
¿Quién es? Es un/a literato/a que decidió luchar por su sueño pero que solo se encontró con decepciones que superaron su capacidad de aguante o que la musa le abandonó para no regresar jamás.
¿Cómo llegó a esa situación? Cada uno tiene su historia, pero existen puntos comunes.
No es fácil abrirse camino en la literatura, y no me refiero a llegar al gran público -que no siempre es el objetivo final de todo artista-, sino a enfrentarte a decenas de negativas para obtener una respuesta positiva, a no perder los nervios cuando hablan mal de tus obras atacándote por lo personal, a estar ojo avizor ante posibles estafas con las ansias de publicar palpitando en el corazón, a no emborracharte de éxito cuando alguno de tus libros se vende como pan caliente, a sentirte como un mono de feria -ya sea por ser el absoluto centro de atención o por ser echado a un lado por no ser ya atrayente-. Todo esto es contra lo que debe luchar un/a escritor/a que desea tener una larga trayectoria, la cual requiere constancia y mucho temple.
Sin embargo, existe peligros aún mayores que los ya nombrados. Se trata de la falta de ideas, la escasa inspiración y el sentimiento de pereza ante el proceso creativo, lo que se resume en la ausencia de la magia de la escritura creativa. En este punto las reacciones son diversas: seguir escribiendo sobre temas que ya ha tratado hasta la saciedad, vivir de los viejos éxitos hasta el último día de vida o aceptar la nueva situación y alejarse con dignidad de la vida pública. 
La tercera opción es bastante aceptable tanto para los hastiados por la industria cultural como para desamparados por las musas, porque es mejor ser recordado como un/a buen/a escritor/a que ser la causa de un rumor devastador por querer la gloria personal por encima de todas las cosas, incluso del amor propio.
Retirarse no significa necesariamente que se deje de escribir. Es el ejercicio del derecho a hacerlo por voluntad propia, con tranquilidad, sin presiones externas y sin más preocupaciones que la de satisfacerse a uno/a mismo/a. Por ello, merece el mismo respeto que un escritor en activo o uno inédito.

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