Literatura

Irène Némirovsky

Dudo que se pueda añadir algo más sobre la gran contribución de esta escritora a la literatura francesa. El redescubrimiento de Irène Némirovsky (Ucrania, 1903 – Polonia, 1942) supuso toda una revolución para muchos lectores del siglo XXI.
Cada obra es una puerta a un mundo sensorial, donde los personajes se muestran con sus virtudes y defectos de una forma muy vívida y sus acciones son narradas con mucho dinamismo, una buena dosis de ironía y algunos toques de ternura. Némirovsky tiene la habilidad de hacer que el lector se sienta implicado en los escenarios que construye, conectando con vivencias que quizás ocurrieron en décadas ya lejanas y cuya esencia sigue palpitando en la gente de hoy día.
A modo personal diría que estas características, además del tesón de sus hijas y sus nietos, han posibilitado que sus escritos no se hayan perdido en el olvido y la indiferencia, que sean desempolvados una y otra vez por personas que aprecian la buena literatura.
El malentendido (1926), El baile (1930), Jezabel (1936), El maestro de almas (1939) y El ardor de la sangre (2007) son buenos ejemplos de su singular estilo.
Si tuviera que recomendar alguna obra para conocer a esta autora sería El ardor de la sangre, ya que muestra su talento en una historia sencilla pero intensa sobre los secretos que guardan celosamente los miembros de una familia.

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