Opiniones impopulares
Secretos de una escritora

Opiniones impopulares (primera parte)

Creo que ya sabes que las opiniones impopulares son esos pensamientos que no comulgan con el sistema de creencias que impera en la sociedad. Todos tenemos algún punto de vista que puede chocar con el de alguien cercano o relacionado con nuestro ambiente. Sin embargo, esto no significa que debamos pelearnos con quien piensa diferente y aferrarnos a quien opine igual que nosotros, porque de ser así caeríamos en una especie de secta que no beneficia a nadie y solo contribuye a la crispación innecesaria en la que vivimos.
Con estas afirmaciones no pretendo ofender ni menospreciar a nadie. Mi objetivo en última instancia sería la reflexión sobre ciertos temas y una conversación sobre los mismos.

En el mundo cultural hay mucho ego inflado y mucho talento desperdiciado.
Desde que me adentré en le mundo de la Literatura he topado con todo tipo de personas, desde grandes artistas que me animaron a seguir mis sueños y cultivar mi carrera como escritora hasta especímenes que ven a los demás como palmeros personales para alimentar su egocentrismo. Como todo en la vida, hay que saber diferenciar unos y otros y acercarse a lo bueno y alejarse de lo malo. Esto es un factor muy importante para mimarnos y mimar nuestros talentos.

Debemos estar unidos (para que yo sobresalga y pueda mandarles a todos a freír espárragos).
Esto lo he visto demasiadas veces. Está relacionado con el punto anterior, con el extra del utilitarismo y la necesidad de “bajar” a los que estén cerca. No estoy diciendo que sea malo apoyar a los colegas o que se deba pisar cabezas para no ser devorado, pero hay que saber a quien arropar y de quien alejarse. Por sus gestos lo adivinarás…

Existe una gran desconexión entre los eventos culturales y el público.
Resulta curioso que en muchos eventos de carácter cultural el público se divida en compañeros de profesión y compañeros de otras disciplinas. Apenas hay personas ajenas a esos sectores. Por ejemplo, en una presentación de un libro más del 50% de los asistentes son escritores, el 40% son artistas no literarios y el 10% restante personas aficionadas a la Cultura (si es que asisten). ¿La razón de este distanciamiento? Quizá sea porque el evento no está protagonizado por el famoso de turno, por el prejuicio que afirma que lo local es de baja calidad, porque no hay suficiente difusión o porque la mayoría de las personas piensan que la Cultura no es un artículo esencial para la supervivencia diaria (sí, he dicho supervivencia, porque vida es una palabra muy grande para la rutina que supone su existencia).

Algunos “intelectuales” usan sus conocimientos para creerse superiores a los demás.
Sí, me refiero a esos que dicen que se leen los libros en edición bilingüe (o en versión original, si es que conocen algo del idioma) y ven las películas con subtítulos (o sin ellos si comprenden un poco de la lengua en la que se grabó) porque, según ellos, los traductores y los actores de doblaje siempre hacen un pésimo trabajo. Por supuesto, sienten la obligación de lucir su nivel de “intelectualidad” a la mínima oportunidad que se presente, sobre todo delante de personas ajenas a las actividades culturales, y piensan que todo el mundo debe saber su opinión sobre todo lo que se mueve.
Me he topado con más de uno que se toman las conversaciones como una competición de quién sabe más, principalmente si su interlocutor es un artista que está trabajando en su última obra. Lo mejor es cortar, dar media vuelta y encontrar alguien con una mentalidad más edificante. El tiempo, la energía y la categoría son recursos que no deben ser malgastados.

Algunas instituciones culturales piensan más en su propio lucro que en los artistas que las sustentan.
No es que piense que dichas instituciones o asociaciones deban ser como organizaciones de caridad, pero me parece abusivo que en diversas convocatorias pidan a los autores que les cedan sus derechos de propiedad intelectual o exijan quedarse con todos los manuscritos que les lleguen aunque no ganen el certamen. ¿Por qué debería permitir que mi obra se quede en una estantería o en una carpeta digital respirando polvo cuando puede tener otra oportunidad en otros lugares?
No estoy reprendiendo a los que aceptan las condiciones de estas instituciones. Cada uno es libre de tomar sus propias decisiones.

Las cuotas de paridad son inútiles.
No estoy diciendo que los hombres y las mujeres no deban tener las mismas oportunidades por cuestión de género. Estoy afirmando que la igualdad (¿por qué lo llaman así cuando lo correcto sería equidad?) por obligación conlleva a la constante duda de los méritos de las personas a las que se pretende favorecer. Siempre pesa sobre sus hombros la pregunta de si están en su puesto o ganaron ese premio por su esfuerzo o por tener unas determinadas características de nacimiento.
En una ocasión anterior hablé de este tema. Aquí te dejo el post Respeto por decreto.

Estas son algunas de mis opiniones. Quizás esté equivocada, pero son impresiones y experiencias que he acumulado a lo largo de los años. Más adelante compartiré otras como lo he hecho en el post Opiniones impopulares (segunda parte).
¿Tú qué piensas respecto a lo que has leído?

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